sábado, 26 de septiembre de 2015

Los 13 errores que cometemos en los parques con nuestros perros

A todos nos gusta que nuestro perro pueda disfrutar de momentos de diversión y esparcimiento diarios, ya sea en el parque u otra zona abierta habilitada donde se puedan reunir perros y humanos. Es la ocasión ideal para que nuestra mascota pueda correr libre, sociabilizarse y jugar.
Pero cuidado: también puede ser un marco perfecto para que aprenda malos hábitos, se vea involucrado en una pelea, o para que nuestro vínculo con él perro se vea debilitado.
No todos los grupos de perros y personas son iguales. Hay quienes saben gestionar mejor las situaciones que se puedan producir, y quienes se ahoguen en un vaso de agua: son muchos los factores que no podemos controlar en los parques. Pero como responsables de nuestro perro, ante una situación de tensión es necesario que sepamos "leer" sus reacciones, las de los otros perros y, lo más importante, el comportamiento de los otros propietarios, para tomar una decisión. ¿Qué decisión hay que tomar? Es muy sencillo: si seguir en el parque o marcharnos y no volver más mientras el mismo grupo de personas y perros lo esté ocupando.
A continuación vamos a explicar los 13 errores que cometemos cuando nos juntamos con un grupo de perros y personas en el parque.
Los 13 errores que cometemos en los parques con nuestros perros

1 - No recoger los excrementos de nuestro perro

Puede parecer un error básico, pero es primordial para que el espacio donde nos encontramos no sea contraproducente para las personas y el resto de perros. Con esta simple "norma de etiqueta" evitaremos que tanto humanos como animales se contagien de graves enfermedades. Hay que recoger siempre los excrementos del perro, no valen distracciones, ni excusas del tipo "es que estaba hablando y no me di cuenta". Tenemos que controlarle siempre y acudir cuando haga sus deposiciones.

2 - Fallar en la educación básica del perro

Antes de dejar suelto a nuestro perro, debemos estar seguros de que podemos controlarle desde la distancia: no tener duda alguna de que no se escapará, no molestará a otras personas, y de que vendrá a nuestra llamada en cualquier situación (dejando lo que esté haciendo). También tenemos que saber que no tiene problemas de agresividad hacia otros perros o personas. Todo ello es básico para que nuestra mascota pueda sociabilizarse de forma adecuada.

3 - Hacer del parque un lugar para ejercitar al perro

Puede sonar extraño, pero soltar a nuestra mascota en un parque donde ya hay otros perros, y hacerlo nada más llegar, después de que se haya pasado un buen número de horas solo en casa... no es una buena idea. El animal se encuentra en un estado de excitación, y la irrupción en el grupo puede ser problemática: se pueden iniciar episodios de "caza" hacia otros perros, que pueden desembocar en peleas. Por ello, intentemos que antes de nada, haya liberado ya buena parte de su energía contenida. El ejercicio previo puede ayudarle a comportarse mejor.

4 - No detectar a tiempo a perros groseros

Todos hemos tenido que lidiar con personas sin modales, gritonas, maleducadas… gente, y lo tenemos claro a los 30 segundos, con quien no nos gusta estar; pues con los perros pasa exactamente lo mismo: son animales que tienen un protocolo para presentarse y relacionarse entre sí (las llamadas señales de calma). Si uno de ellos lo ignora, el resto lo puede interpretar como una grosería, dando lugar a una pelea. Esto aplica tanto a los perros que hay en el parque como al nuestro: si vemos que uno no deja de incordiar a otro, es bruto, no para de ladrarle… es nuestra responsabilidad detener enseguida dicho comportamiento. Si no lo conseguimos, o vemos que los otros "pasan de todo", nos iremos del parque. Mejor irse que arrepentirse.

5 - Llevar a nuestra mascota atada para que juegue con otros perros sueltos

Los nuevos propietarios de perros suelen llevar a su mascota al parque para que interactúe con otros animales, pero no siempre están seguros de dejarla suelta. Pues bien, unos y otros no deberían relacionarse: un perro atado se siente más inseguro porque no puede escapar, lo que puede ser motivo de pelea. Por su parte, las correas extensibles son extremadamente peligrosas, puesto que tanto humanos como perros pueden resultar heridos en caso de que la situación se descontrole.
Los 13 errores que cometemos en los parques con nuestros perros

6 - Llevar a nuestra perra en celo o preñada

Aquí no hay mucho que decir: no debería de suceder, y punto. Pero sucede. Una hembra en celo descontrola a un grupo de perros en el parque, y puede producir situaciones de agresividad entre los machos. Y si la perra está embarazada, puede ser peligroso tanto para ella como para los cachorros.

7 - Permitir que perros pequeños jueguen con grandes

Un perro pequeño puede ser visto como una presa por parte de uno grande, por lo que puede dar pie a una persecución de consecuencias desastrosas. No olvidemos que uno puede llegar a ser hasta 10, 15 veces más grande que el otro, por lo que cualquier caída, golpe, o percance voluntario o no, puede resultar fatal para nuestro amigo peludo. Por cierto, si tienes un perro pequeño nunca lo cojas en brazos al acercarte a un grupo de otras mascotas, éstas se pueden sentir excitadas y se pueden abalanzar sobre ti, propinándote golpes y mordeduras.

8 - Llevar a un perro que no responde a nuestra llamada

Nuestro perro deberá responder siempre a nuestra llamada y dejar de hacer lo que en ese momento esté haciendo (juego, pelea…) para atender a nuestro requerimiento. Si vemos que la situación se está "caldeando" entre dos o más animales, cada propietario debe llamar a su perro y terminar con esa posible situación comprometida al instante. Un perro suelto no debe ser sinónimo de descontrol, de la misma manera que un perro atado no siempre es sinónimo de control.

9 - Dejar que nuestro perro incordie a otros

Es bueno que los perros se inciten para jugar entre ellos, con ciertos movimientos con los que parece que digan "venga, juega conmigo". Pero tenemos que evitar que se hagan pesados: si un animal incita repetidamente a otro a jugar, pero este último no le sigue la corriente, se lo hará saber huyendo de él, ignorándolo o con algún gruñido o ladrido. En ese instante, tenemos que detener al primero antes de que sea tarde, puesto que si dejamos que siga incordiando, el segundo puede recurrir a métodos más expeditivos.

10 - Dejar que los perros se las arreglen solos

Cuántas veces hemos oído la frase: "déjalos, entre ellos ya se marcan para ver quién manda, no pasa nada". Bien, pues es lo peor que podemos hacer. Los perros saben (o deberían saber) relacionarse y ellos, y comportarse. Pero no siempre es así, por lo que tenemos que estar siempre pendientes de nuestras mascotas y detectar posibles situaciones comprometidas o peligrosas que puedan desencadenar una pelea. Para evitar cualquier problema a tiempo, ante un propietario que piense que "se arreglan solos", mejor irse del parque.
Los 13 errores que cometemos en los parques con nuestros perrosLos 13 errores que cometemos en los parques con nuestros perros

11 - Llevar a un perro con agresividad por pertenencia

Si nuestro perro es receloso con las cosas que le pertenecen, o se apropia de los juguetes de los demás mostrando un comportamiento agresivo, debemos evitar ir al parque hay más animales en él. En su lugar, jugaremos con él en solitario hasta que corrijamos esas conductas completamente. Lo mismo ocurre si es sobreprotector con nosotros y responde con violencia al acercarse otros perros.

12 - Ponernos a hablar con otros propietarios y no supervisar nuestro perro

Cuando estamos con otros perros la prioridad número uno es vigilar al nuestro. ¿Qué haríais si vuestro hijo estuviera en el parque con otros niños? Estarías vigilando que no comiera arena o cualquier objeto, que no pegara a nadie, que no se subiera a ningún sitio peligroso, etcétera. Pues lo mismo aplica a las mascotas. Muchos creen que dejando a su perro en un recinto vallado (o sin vallar, pero en todo caso destinado a los animales) ya pueden desentenderse. Si queréis hablar, id a un bar, no lo hagáis mientras paseáis a vuestra mascota.

13 - Estar más pendiente del móvil que de nuestro perro

Todo lo comentado hace un momento aplica aquí: no debemos desatender a nuestro perro por estar distraídos con el móvil, puesto que sabrá que no estamos pendientes de él y hará todo lo que normalmente no le permitimos. Evitemos que otras personas cuiden de nuestra mascota porque estemos con el móvil o de cháchara en el parque.

Si todos seguimos estos sencillos consejos, tanto nuestro perro como nosotros seremos más felices y evitaremos situaciones de las que nos podamos estar arrepintiendo toda nuestra vida. Prestarle atención a nuestra mascota, jugar e interactuar con ella, reforzará nuestro vínculo.
No olvidéis que cuando nuestro perro está suelto en el parque, debe ser nuestra principal preocupación. De lo contrario, seguramente tengamos problemas.
Estar en el parque junto a otros animales, debe ser una actividad placentera, tanto para nosotros como para nuestro amigo. Si no lo es (por la razón que sea)... mejor irnos a otro lugar para disfrutar el uno del otro sin problemas.
¿Y tú, qué opinas?

Cebo envenenado. Cuidado con lo que comen por ahí

Perros en el parque. Cuidado con los cebos envenenados
No es extraño oír quejas de mascoteros en relación a comida que sus perros encuentran por las zonas por las que pasean... y que está envenenada. En algunas ciudades incluso han llegado a cerrarse parques públicos al no poder hacer frente a las continuas trampas (mortales, en muchos casos) que detractores de la tenencia de mascotas colocaban estratégicamente con el fin de tomarse la justicia por su mano.
Se trata de remedios caseros, totalmente ilegales y que recurren a cualquier opción con tal de acabar con los animales que les puedan resultar molestos: desde clavos escondidos en pedazos de carne, a matarratas, pesticidas o anticongelantes).
Así las cosas ¿Podemos hacer algo para poder sacar a pasear con tranquilidad a nuestro compañero cuadrúpedo? Siguiendo estos consejos, puede reducirse el riesgo de manera significativa.

Evitar que mendigue comida

Pese a no estar estrechamente vinculada una cosa con la otra, educar a nuestra mascota en lo que a la comida que no le corresponde se refiere, puede ser de gran ayuda para disminuir su glotonería. De este modo, aumentan las posibilidades de que pase de largo de un cebo envenenado.
Para conseguirlo, tendremos que dejar de darle comida desde la mesa, y si acaso, depositar nuestras sobras en su cuenco habitual. Tiene que aprender a estar tranquilo mientras comamos, necesita controlarse.

El intercambio

Tanto si nos gusta como si no, nuestra mascota va a emplear la boca como principal medio (o casi) para investigar, explorar, tocar cosas. De nada sirve castigarle y evitar que lo haga; en su lugar, podemos recurrir a esta táctica para enseñarle que hay objetos que pueden ser perjudiciales para él, o que no son para jugar. Lo primero que debemos hacer es adquirirjuguetes educativos que emplear cada vez que juguemos en casa con nuestro cachorro. Juguetes que podemos llevarnos de paseo y así incitarle a que en lugar de coger con la boca lo que no debe, esté más pendiente de las cosas que sí conoce (una golosina, en caso de no tener a mano tales juguetes, puede valer). En concreto a su paseador.
Es un proceso paulatino, requiere tiempo y paciencia, pero el resultado es un animal tranquilo, desinteresado por las amenazas potenciales. Justo lo que andamos buscando.

El uso del bozal

Hay gente a la que no le gusta el bozal. ¿Para qué, si nuestro amiguito es totalmente pacífico? Sin embargo, puede ser sumamente útil, en especial si el animal está suelto: puede campar a sus anchas, olisquear... y sí, queriendo podría coger algo con su boca. Pero difícilmente será capaz de hacerse con un cebo envenenado.

Un peligro... en el jardín de casa

La gente es muy mala, y al final, todas las precauciones que tomemos pueden ser pocas: se han dado casos de cebos envenenados encontrados en los jardines particulares de familias con perro. Toda precaución es poca, por lo que tratad de limitar en medida de lo posible el acceso del exterior con cercas, vayas, o incluso destinando un espacio alejado de curiosos para vuestra mascota.

Tened especial cuidado si vuestro perro es...

Beagle, Labrador o Épagneul Breton. Son algunos de los ejemplos más comunes de perros voraces, investigadores, “aspiradora”. En general todo perro dado a seguir rastros o a cotillear tiene más peligro que uno que muestre interés nulo al respecto, hay que estar siempre alerta, pero con estas razas en concreto, más todavía.

¿Qué frutas puede comer tu perro?


Está cada vez más extendida la opción de darle a un perro comida alternativa al habitual pienso seco. Comida natural deshidratada, dieta BARF, o cualquier otra opción que buscan mejorar la calidad de vida, los hábitos alimenticios, etcétera. En definitiva, hacer que la experiencia de la ingesta de alimentos por parte de la mascota sea algo más parecida a la de su responsable humano (hablando en términos relativos, claro está). De hecho, somos muchos los que compartimos cada vez más nuestra comida con nuestro perro, pero hay que andarse con ojo, pues no todo lo que nos sienta bien a nosotros les sentará bien a ellos.
Para evitar problemas, si tenéis pensado alterar la dieta de vuestro compañero siempre es mejor consultar con el veterinario, pues sólo él puede indicaros tipos de alimentos y cantidades a darle. Pero para facilitar un poco más las cosas, a continuación os proponemos una lista de las principales frutas que sí puede tomar, sin miedo a intoxicaciones o demás complicaciones para su salud. Ahora bien, de ahí a que le pueda gustar o no un pedazo de manzana hay un mundo: nada mejor como empezar a darle fruta desde cachorro y de manera gradual, mezclándola con otros alimentos (quizá triturada en forma de puré). Y lo más importante: que no coma las semillas bajo ningún concepto, pues esas sí pueden ser tóxicas para su organismo.

Plátano

¿A que ves a Rafa Nadal comiendo plátanos cada dos por tres? Es la fruta ideal para el deportista, gracias a la cantidad de vitamina B6 y C, minerales, fibra, electrolitos y manganeso. Pues lo mismo aplica al perro atlético... ¡Además de estar buenísimos para sus paladares!

Manzana

Ideales para combatir la displasia de cadera, así como posibles problemas de corazón y cutáneos, por su riqueza en potasio, fibra y Vitamina C.

Moras y arándanos

Las primeras contienen antioxidantes, fibra y Omega-3, por lo que pueden ayudar al animal con la digestión y el pelaje; por su parte, los arándanos son especialmente amigos de los perros más adultos, puesto que sus antioxidantes, zinc, selenio, hierro y vitaminas C, E, A y B velan por su salud cardiovascular.

Melón

La ingesta de melón puede prevenir la aparición de cataratas, lo cual la convierte en una muy buena fruta que dar a vuestra mascota. Rica en beta-caroteno y vitaminas C y B-6, es además de las pocas frutas que no provocan alergia alguna en la especie canina.

Kiwi

Saludables por su contenido en vitamina C, potasio, fibras y beta-caroteno. Especialmente indicados para perros con problemas respiratorios.

Sandía

La fruta por excelencia del verano, por lo bien que nos hidrata a los humanos, hace la misma función en nuestra mascota. Y además, contiene mucha vitamina A y C, potasio y magnesio.

La enfermerdad de la Babesiosis canina: ¿Qué es?

Puede que a bote pronto no suene demasiado, pero la Babesiosis canina es un tipo de enfermedad parasitaria muy peligroso y más común de lo imaginado: se transmite a través de la saliva de las garrapatas en el momento en que éstas pican a nuestra mascota, introduciendo un protozoo que parasita los glóbulos rojos de la sangre de sus víctimas.
En cuanto el organismo en cuestión tiene acceso al cuerpo del perro, comienza a reproducirse atacando a los glóbulos hasta provocar su rotura, lo que se traduce en una fuerte anemia de carácter hemolítico.
A continuación, veremos en detalle cómo afecta, cómo se trata y cómo puede evitarse esta enfermedad:

Cuadros clínicos

La afección de la Babeosis caninca en nuestras mascotas permite establecer un cuadro clínico que queda, según su gravedad, de la siguiente manera:
  • Hiperagudo: shock hipotensivo, hipotermia y lesiones en tejidos y vasos. Es el cuadro más grave, afecta a cachorros, y rara vez un perro que lo sufre se recupera.
  • Agudo: anorexia, letargia, fiebre, esplenomegalia, ictericia, vómitos, diarrea, convulsiones y descoordinación al andar. Se caracteriza por la anemia hemolítica y supone una alta tasa de mortalidad.
  • Crónico: fiebre intermitente, anorexia y pérdida de peso. Es el cuadro menos habitual.

Diagnóstico

  • Demostración del parásito en una muestra de sangre bajo microscopio.

Tratamiento

  • Inyección de dipropionato de imidocarb: la inyección debe repetirse a los 15 días para revisar que no haya lesiones en los órganos. Muchos perros sufren recaídas e incluso algunos se convierten enportadores.

Prevención

  • Collares, espray, pipetas y otros métodos de control de las garrapatas.

Head Pressing: ¿por qué apoya su cabeza contra la pared?

Head Pressing: ¿por qúe apoya su cabeza contra la pared?
La primera reacción es la de tomárnoslo a risa: vemos a un perro o gato apoyando su cabeza contra una pared, y sólo pensamos en sacarle una foto para compartirla en nuestro muro. “Qué mono”, pensamos, ¿no? Eso, o que está escuchando bichos entre las paredes.
Bien, pues la realidad es bien distinta. Hay formas de saber cuándo está escuchando algo y cuándo no: si está ejerciendo presión constantemente con su sien contra cualquier objeto, se acabaron los juegos. Nuestro animal de compañía está tratando de decirnos que está sufriendo, y conviene llevarlo al veterinario lo antes posible. Podría estar en peligro su vida.
De hecho, siempre que apreciemos un cambio en su comportamiento, debemos comentarlo con un especialista, aunque a priori parezca que simplemente esté buscando un extra de caricias o de juegos.
El caso que nos ocupa es especialmente delicado: si vemos a nuestra mascota con la cabeza contra la pared en repetidas ocasiones, puede que se deba a un malestar físico. El gesto se denomina head pressing (o por lo menos, así se ha viralizado), y a través de él, los animales ejercen presión sobre su s cerebros para aliviar dolencias, que en el peor de los casos pueden significar tumores cerebrales, infecciones del sistema nervioso, alguna enfermedad metabólica, o incluso envenenamiento por plomo.
Normalmente, este gesto se acompaña de otra serie de comportamientos antinaturales, tales como la ceguera y/o la mirada perdida, giros sobre sí mismo de manera incontrolada o pérdida de reflejos. Es evidente que todo ello debe confluir en una visita inmediata al veterinario. En un centro profesional, empezarán por las pruebas más básicas y puede que todo se quede en un susto: alguna inflamación, o infección a tratar en casa, y listos. Pero si es más grave, lo más probable es que nuestra mascota deba ser ingresada, para realizar tomografías, resonancias y demás.
Ya veis, la cosa puede ser grave, por lo que al menor síntoma, no lo dudéis.

Alimentos para humanos que tu perro puede comer

Tomate, alimento que tu perro puede comer
Ya sea porque nos preocupa la dieta de nuestro perro, porque queremos premiarle, o simplemente porque queremos que disfrute de ello, muchas veces le damos algo de nuestra comida, o "lo dejamos caer" de la mesa. Pero bien sabido es que no todo vale, y que muchos alimentos pueden poner en peligro la salud de nuestra mascota.
Por ese motivo, os proponemos una serie de alimentos que podemos darle sin problemas, y que de hecho (en su justa medida) pueden aportarle algún que otro beneficio.

Pollo

La pechuga de pollo hervida es el alimento básico: es el que más habitualmente se mezcla con la comida del perro, aunque para ello hay que tener en cuenta que no se le debe añadir ningún condimento, ni sal al agua para cocinarla.

Yogur natural

Si el yogur no cuenta con azúcares ni edulcorantes artificiales, se convierte en una fuente natural de calcio y una importante carga de proteínas, potasio y magnesio. Además, provee al animal de vitaminas, le ayudan con el sistema digestivo, y refuerza sus defensas.

Queso

Hay que tener en cuenta que nuestra mascota puede ser intolerante a la lactosa, en cuyo caso, darle queso puede ser un error. De lo contrario, es una herramienta sorprendentemente eficaz para combatir diversas dolencias, desde el sarro a enfermedades oculares o de la piel (de hecho, tiene propiedades que incluso combaten el cáncer). Esto es debido a la vitamina A, que es, junto al calcio y un buen número de proteínas, lo que recibe el animal al ingerirlo.

Verduras

Las verduras y hortalizas son buenas para nuestra mascota, por mucho que pueda parecer lo contrario: si al darle una no la digieren bien, es debido a la falta de Amilasa, encima con la que nosotros trabajamos tales alimentos, y de la que los perros carecen. Pero eso sólo significa que habrá que dárselas troceadas. Por lo demás, se pueden beneficiar igual que nosotros de las vitaminas y carbohidratos de la patata; las propiedades diuréticas, antisépticas y beneficiosas para la vista de la zanahoria; el hierro de las espinacas, que ayudan también a reducir el azúcar en sangre; el poder antibacteriano del brócoli; o las vitaminas C y A de que dispone el tomate. Y estos son sólo algunos ejemplos de todas las propiedades de las verduras que pueden ayudar a nuestra mascota.

Pescado

Hay muchos tipos de pescado que nuestra mascota puede comer: salmón, merluza, sardinas, atún anchoas... son sólo algunos ejemplos que, combinados con su dieta habitual (no hay que olvidar que es un añadido, en ningún caso debe convertirse en el principal alimento de su comida), pueden ayudar a nuestro amiguito a mantener un pelaje sano y saludable, además de ser importantes aliados para su sistema inmunológico. Además del aporte proteínico y vitamínico (A, B y D), son también una fuente de grasas y Omega 3.
Cada vez es más habitual descubrir a mascoteros que se pasan a las dietas BARF, que cambian el alimento seco de su perro por comida cocinada o natural. Antes de tomar una decisión así debe comentarse con el veterinario, para saber qué puede sentarle bien, y qué mal, a cada animal. Dicho lo cual, esta primera lista de alimentos puede ser una opción más que interesante con la que empezar a mejorar la calidad de la alimentación de nuestro amiguito.

Seis cosas que debes hacer cuando llevas a tu perro a la playa

Seis cosas que debes hacer cuando llevas a tu perro a la playa
Con la llegada del verano, dan ganas de alterar las rutinas de paseo y llevarte a tu perro a correr y bañarse a la playa, ¿a que sí? Hay varios sitios que lo permiten, pero eso no quita que debas ir debidamente preparado.
Aquí tienes una serie de cuestiones que no puedes pasar por alto:

1. Ponle crema

¿A que no habías caído en ello? Pues sí, los animales necesitan protegerse del sol, y hay cremas protectoras específicas para perros que debes aplicarle treinta minutos antes de salir a la playa, teniendo especial cuidado con hocico, orejas, y en general, aquellos sitios que estén menos protegidos con su pelo.

2. No te olvides de lo básico

Ya está, te has montado en el coche, llegas a la playa, bajas con tu mascota... y te has dejado algo que te obliga a volver. Evítalo tachando de la lista agua en abundancia, fría (Se te calentará en seguida seguramente), y acompañada de un bol del que pueda beber: recuerda que beber agua salada, por lo que calcula un extra de agua con el que limpiar las zonas que se le hayan podido irritar por su contacto. ¡Cuidado! El agua marina puede actuar como laxante y generarle vómitos... prepárate para ello: la playa es de todos y es nuestro deber consevrarla.
Lleva también un kit de primeros auxilios, con algodón, vendas, amoníaco y agua oxigenada. Se puede cortar con una piedra, hacer daño al pisar mal, o ser picado por una medusa.
No te olvides de toallas, una para que se pueda sentar en la arena o coche, otra(s) para secarle. Y una sombrilla no estaría de más para que se pueda reparar del sol.
Finalmente, existen chalecos flotadores para perros, por si desconfías de su habilidad como nadador.

3. ¡Y una correa larga!

Para poder solar a un perro por la playa, este debe saber a la perfección que si le llaman, viene. Si no es el caso de tu compañero, y aún hace caso parcial de las órdenes que le das,tendrás que atarle. Hay correas muy largas con las que puede disfrutar igual del lugar, y tú respirar tranquilo. Ahora bien, no estaría de más que fueras aprovechando para formarle. Tráete algún premio y ve practicando.

4. Prepárate para cambios de comportamiento

Por muy tranquila que sea tu mascota, puede volverse loca en la playa: puede presentar un comportamiento revoltoso, excesivamente alegre, casi hiperactivo, y debes prepararte para ello. Para que le ladre a todo y a todos, para que corra de un lado para otro. La cantidad de estímulos primarios que puede recibir le pueden animar demasiado, y el ruido del agua, el mar, las olas, los niños gritando, pueden desconcentrarle y hacer que no obedezca tus órdenes porque, simple y llanamente, no las oiga.

5. Busca las amenazas

Antes de soltarle, analiza el entorno en busca de posibles peligros. Mira cuánta gente hay en la playa en ese momento, si hay más perros sueltos, y cómo se comportan al veros o al relacionarse entre sí. Busca sitios con sombra en caso de no haber llevado sombrilla, asegúrate de que no haya nada raro (natural o no) que pueda intoxicarle, herirle o lastimarle de cualquier otra manera.
Fíjate en el mar, y en las señales de peligro que puedan estar señalizándolo (banderas rojas, avisos de invasión de medusas...).

6. ¿Seguro que está bien?

Aun habiendo previsto todo lo comentado hasta ahora, si tu mascota está mal del estómago, está saliendo de un proceso de rehabilitación, está o ha estado constipado hace nada o sufre de alguna dolencia, mejor no jugar con la suerte. Aplaza el paseo por la playa hasta que esté al 100%.